Inconvenientes de dejar una casa deshabitada durante años

Este artículo ha sido escrito y verificado por el historiador del arte Francisco Jiménez
Cuando dejamos una vivienda deshabitada, pueden aparecer todo tipo de problemas. Es momento de buscar soluciones que no nos perjudiquen.
 

Probablemente, nos surjan dudas sobre qué hacer con una vivienda que tenemos en desuso. En esta ocasión, abordaremos algunos de los inconvenientes de dejar una casa deshabitada durante años ya que pueden surgir numerosos problemas sin que nos demos cuenta.

Muchas veces, creemos que al dejar un espacio clausurado durante un tiempo no ocurrirá nada en su interior; sin embargo, este hecho puede acarrear todo tipo de dificultades que, en el fondo, nos pueden perjudicar a largo plazo.

Lo primero que debemos hacer es analizar los pros y contras en torno a la situación, qué nos conviene y qué soluciones podemos tener. Es preciso que no convirtamos este asunto en un quebradero de cabeza y que no genere una preocupación diaria.

Las humedades en una casa deshabitada

Humedad en casa deshabitada

Uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos son las humedades que pueden aparecer en diferentes partes de la casa. Tanto por las inclemencias meteorológicas como por las averías propias o de los vecinos pueden producirse manchas, descorchamientos y malos olores.

En el caso de que dejemos una casa cerrada, la tendencia general es comprobar su estado cada cierto tiempo pero no semanalmente. De hecho, hay personas que únicamente hacen una visita anual; este es un grave error ya que pueden producirse, en ese interín, todo tipo de situaciones.

 

La humedad puede incidir directamente en las paredes; por eso, si se tiene una vivienda expuesta a zonas de viento y lluvia o si ha tenido algún precedente de goteras en el techo, hay que mantener la guardia y no mostrar dejadez o abandono.

Si no se comprueba habitualmente el estado de la casa, podemos encontrarnos sorpresas desagradables.

Una casa deshabitada durante años también genera suciedad

La gente suele pensar que, al tener cerrada una casa durante años, no va a aparecer suciedad. Hay que desmentir este tópico ya que los espacios sin habitar también se ensucian y, además, permiten la entrada de animales. Veamos 3 inconvenientes en torno a este asunto:

  1. Nos encontraremos telarañas por todas partes. Sin duda, esto es una muestra de desamparo y falta de cuidado. Bien es cierto que se puede solucionar con una limpieza general pero no es cuestión de esperar a este punto cuando, en realidad, podemos prevenirlo desde el principio.
  2. La mugre y el polvo también inciden de forma considerable. Al igual que la humedad puede aparecer, también se introduce polvo y algunos objetos decorativos que tengamos pueden empezar a perder su lucidez y demostrar ciertos síntomas de abandono.
  3. Con el paso del tiempo, la pintura se puede desprender, la madera puede tener carcoma y a través de las tuberías pueden taponarse los baños. Desde distintas vertientes se comprueba que la inhabitabilidad es un serio problema para las casas.
 

Una casa deshabitada genera pérdidas económicas

Casa abandonada

Una casa deshabitada durante años alcanza el grado de improductividad; es decir que no vamos a sacarle rentabilidad y perderemos dinero. Antes de dejarla sin habitar, ¿por qué no pensar en alguna solución que nos beneficie?

Los impuestos y pagos a la comunidad siguen existiendo; incluso, hay que pagar también por el mantenimiento del agua y la luz aunque no hagamos consumo de ello. Si echamos un vistazo a las facturas, a la larga, se puede apreciar cómo perdemos dinero.

En lugar de seguir sosteniendo algo improductivo, convendría poner el piso en alquiler. Es una manera factible de sacarle redimiento y conseguir unos ingresos extras. Además, evitaremos caer en un punto de abandono y dejadez.

Una casa cerrada puede convertirse en un coste económico más en nuestras vidas.

Posibles problemas con la comunidad de vecinos

Aunque no lo parezca, una casa que queda cerrada puede suponer un problema para la comunidad de vecinos. En primer lugar, porque no vamos a estar atentos de las reuniones y acciones que se realicen en el vecindario; incluso, tendremos que pagar derramas muy costosas.

 

Muchas veces, el presidente de la comunidad y el administrador tienen que estar enviando avisos sobre los pagos de la comunidad o sobre otros inconvenientes que surgen, tales como goteras, roturas de cañerías, arreglos, etc.

En definitiva, no ayudamos en absoluto a la convivencia con los vecinos. Lo que hay que tener claro es que los mayores perjudicados de esta situación seremos, básicamente, nosotros.

  • Heller, Andy; Frank, Scott: Invertir en vivienda, Barcelona, Gestión 2000, 2007.