Razones para deshacerse de todo aquello que ya no tiene utilidad

13 marzo, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por el historiador del arte Francisco Jiménez
La acumulación de recursos, objetos y elementos decorativos puede generar cierto desasosiego; por eso, es conveniente que nos deshagamos de algunas cosas para mejorar la habitabilidad en el hogar.

Nuestro hogar no debe convertirse en un gran trastero donde acumular cosas. Es importante que seamos organizados y gestionemos correctamente todo aquello que ya no tiene una funcionalidad; por eso, te mostramos algunas razones para deshacerse de todo aquello que ya no tiene utilidad.

A lo largo de los años, nos damos cuenta de que estamos almacenando todo tipo de elementos. El mero hecho de guardar con perspectiva de futuro no siempre suele ser algo que se cumpla. Muy pocas veces solemos recuperar aquello que hemos conservado para darle de nuevo un uso.

Generalmente, lo que conseguimos es una acumulación de recursos con los que saturamos nuestra vivienda. Por este motivo, es preciso que sepamos apreciar qué elementos son necesarios, cuáles no volverán a ser útiles y cómo debemos actuar ante esta situación.

Reorganiza los armarios y la ropa que no tiene utilidad

Reorganizar armarios

Uno de los problemas a los que nos solemos enfrentar es al exceso de ropa en los armarios. Si echamos un vistazo a todas las prendas, no hemos vuelto a usar un gran número de ellas y han quedado relegadas al fondo.

Lo primero que debemos hacer es replantearnos si realmente vamos a darles un uso o si podemos prescindir de ellas. Si es así, no hay que tirarlas a la basura; la mejor opción es depositarlas en un contenedor de ropa o donarlas a una asociación benéfica.

De esta manera, oxigenamos el armario y no lo saturamos de ropa. Con el paso del tiempo, iremos incorporando nuevas adquisiciones y, así, tendremos el espacio suficiente para lograr un orden racional.

No hay que convertir el armario en un depósito de ropa.

Dispositivos electrónicos que ya no tienen utilidad

Teléfono fijo de pared.

Hoy en día, nuestro hogar se nutre de diferentes dispositivos electrónicos que toman presencia en las habitaciones. De una manera u otra, los cables y aparatos están presentes. Algunos de ellos quizá no funcionan o han quedado anticuados.

  1. Con la llegada de los portátiles, los ordenadores de torre han quedado en un plano secundario o, simplemente, anticuados. En lugar de dejar que cojan polvo, es mejor deshacerse de ellos vendiéndolos en una tienda o llevándolos a un punto limpio.
  2. En los armarios de la cocina, solemos acumular batidoras, exprimidores, tostadoras, etc. Si estos aparatos no se utilizan, es mejor que no los sigamos guardando, ya que ocupan mucho sitio y, seguramente, los habremos sustituido por otros más modernos.
  3. Cuando cambiamos de teléfono móvil, tenemos la costumbre de guardar el anterior pero en realidad no vamos a necesitarlo. En este caso, es mejor no llenar los cajones de este tipo de dispositivos que han queado anticuados.
  4. En el momento en que un electrodoméstico da problemas, tratamos de arreglarlo pero, si no tiene remedio, lo cambiamos. Es en ese momento cuando hay que comunicarles a los de la tienda que pueden llevarse el antiguo ya que, a partir de ahí, pueden obtener piezas y nosotros ganar espacio.
  5. Los teléfonos fijos han perdido presencia en las casas. Son los móviles los que gozan de protagonismo; por tanto, hay que hacer balance de la posible utilidad que se le va a dar.

Oxigenar el ambiente y facilitar la habitabilidad

Eliminar lo que no tiene utilidad

Es imprescindible que las habitaciones estén oxigenadas. Para ello, hay que deshacerse de lo que ya no tiene utilidad para poder deambular con comodidad por la casa.

De este modo, se facilita la habitabilidad y se mejora la calidad de vida. Los espacios amplios donde no se acumulan demasiados recursos decorativos favorecen el sentimiento de libertad y amplitud.

Bienestar y desasosiego: elimina lo que no tiene utilidad

La sensación de bienestar se alcanza cuando sentimos comodidad plena. Pero ¿cómo podemos llegar a este grado? Es preciso que conozcamos cuál es la situación de nuestro hogar, si realmente nos encontramos a gusto en él o si sentimos cierto desasosiego.

La decoración afecta a nuestras emociones. Dependiendo de cómo se organice la casa, así nos sentiremos; por eso, interesa deshacerse de todo aquello que no utilizamos y que esté ocupando sitio.

La acumulación de objetos nos puede generar estrés y malestar personal. Si detectamos que las habitaciones poseen demasiadas cosas que no tienen funcionalidad, es conveniente que intervengamos de inmediato y busquemos la manera de sentirnos mejor en el hogar.

  • Kondo, Marie: La magia del orden, Aguilar, 2001.