El arte mestizo de Oswaldo Guayasamín

11 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por arquitecto Renato Alonso Ampuero Rodríguez
Oswaldo Guayasamín era un artista que no le gustaba su época, detestaba las guerras y a los soldados. Esto lo transmitió en sus pinturas, trazando los sentimientos de la humanidad. Con esto se convirtió en el artista más aclamado de su país, Ecuador, y en un referente para Latinoamérica.

Pintor indígena de gran relevancia en Latinoamérica y el mundo, Oswaldo Guayasamín ha sabido dejar su impronta en el mundo del arte. Además de su gran legado artístico, dejó otra gran obra: la Capilla del hombre, un gran edificio que albergará su obra.

Sus trazos, de gran vitalidad y fuerza, le permitieron llenar de color el silencio, la amargura y demás injusticias que observaba en su Ecuador natal. Su obra se caracterizó por la denuncia social, donde los marginados de la sociedad encontraron un lugar privilegiado.

Su apellido significa “casa de la sabiduría” en quechua, lengua de los Incas. La obra de Guayasamín cobra una vital importancia al representar el sentimiento latinoamericano.

Guayasamín, detalles de su vida

Oswaldo Guayasamín.
Oswaldo Guayasamín / uneac.org.cu

Oswaldo nace en la ciudad ecuatoriana de Quito un 6 de Julio de 1919. Nacido en una familia humilde, siendo el mayor de 10 hermanos. El padre de Oswaldo, José Miguel Guayasamín, era de ascendencia indígena. Este trabajó como tractorista y chófer.

La madre, de nombre Dolores Calero, era de ascendencia mestiza, y estuvo siempre dedicada a sus hijos y a su hogar. Lamentablemente, su madre fallece con 46 años, dejando a la familia sumida en la tristeza y marcando al pequeño Oswaldo, quien crecería en un hogar lleno de privaciones.

La vocación artística de Oswaldo se empieza a revelar a la temprana edad de siete años, cuando pinta sus primeras obras. Su madre le proporciona leche, en la cual disolvía las pastillas de acuarela.

La parte académica siempre le supuso tragos amargos. Lo expulsaron de seis colegios, debido a lo que sus profesores llamaban “falta de talento”. Su padre lo forzaba para que estudiase una profesión como sus hermanos.

En 1933, en contra de los consejos de su padre, ingresa en la Escuela de Bellas Artes. Pero en este lugar también se encuentra encasillado debido a los moldes y a las tradiciones.

En esta etapa vemos cómo va formándose el talento y la obra de Guayasamín. Esta época está marcada por la violencia y la injusticia, es el caldo de cultivo para que el joven Oswaldo se llene de ira y de rabia, pintando «Los Niños Muertos».

Este cuadro plasma la brutal escena de un grupo de cadáveres amontonados en una calle de Quito. Entre estos cadáveres se encuentra su mejor amigo, de apellido Manjarrés, asesinado por una bala perdida.

La pintura de Oswaldo Guayasamín como denuncia social

Los niños muertos, de Oswaldo Guayasamín.
Los niños muertos / juancarlosboveri.wordpress.com

Es desde ese momento que Guayasamín toma una marcada posición contra las crueldades e injusticias de una sociedad que discrimina y violenta a los pobres, a los indios, a los negros, a los indefensos.

Su ascendencia indígena, las carencias que marcan su infancia, el asesinato de su amigo y las guerras que en ese momento sucedían en el mundo marcan su actitud ideológica. Esta se ve plasmada en su manera de concebir sus pinturas y sus preferencias políticas.

A la edad de 21 años, en 1940, se gradúa como pintor y escultor en la Escuela de Bellas Artes. El año de 1942 es importante, ya que gana sus dos primeros premios.

A la primera exposición de Guayasamín asiste Nelson Rockefeller, quien queda impresionado con su trabajo. Este le compra 5 cuadros, para luego gestionar una invitación para que el pintor visite y exponga en Estados Unidos durante 7 meses.

Esto es aprovechado por Guayasamín para visitar todos los museos posibles en ese país, donde conoce el trabajo de artistas de nivel mundial como El Greco, Goya, Velázquez, Picasso, Orozco y demás.

Mi pintura no es fácil, no es de cartel, pero yo puse allí toda mi alma y reflejé los temas más eternos, como el odio, el amor, la ternura.

Oswaldo Guayasamín.

Sus primeras series de cuadros

El camino del llanto, de Oswaldo Guayasamín.
El camino del llanto / sevilla.abc.es

El año de 1945 resulta muy importante para la pintura de Oswaldo Guayasamín, ya que inicia un viaje desde México hasta la Patagonia. En este viaje recorre una gran cantidad de pueblos y ciudades, tomando notas y haciendo dibujos.

Fruto de esta peregrinación al alma de los pueblos latinoamericanos nace la que será su primera serie de 103 cuadros. Esta serie la denomina «Huacayñan», que en quechua significa «El Camino del Llanto».

La serie se caracteriza por su visión de los pueblos mestizos, indios y negros, en la cual resaltan sus culturas y sus expresiones de alegría y tristeza. La tradición, la identidad y la religión son elementos importantes para este pintor, teniendo una preferencia por los países andinos.

Su segunda serie, “La Edad de la Ira”, la empieza en 1961. Con esta serie de cuadros quería mostrar los lugares y hechos que se usaron para asesinar personas durante el siglo XX. Según Oswaldo, esta serie quedará inevitablemente inconclusa, puesto que, al ser parte de un proceso histórico, sigue aún en marcha.

En 1976 crea la Fundación Guayasamín, que la gestiona junto a sus hijos. Es a través de esta que dona todo su patrimonio artístico al pueblo de Ecuador. Gracias a este patrimonio logra organizar tres museos: Arte Precolombino, Arte Colonial y Arte Contemporáneo.

En el museo de Arte Contemporáneo podemos admirar la serie de cuadros de «La Edad de la Ira». Esta pasó a manos del gobierno ecuatoriano evitando, así, su división, como pasó con Huacayñán.

En la década de los 80 inicia una nueva serie, “Mientras viva siempre te recuerdo”. Esta serie también es conocida como la Edad de la Ternura o, simplemente, La Ternura, en homenaje a su madre.

Es una serie dedicada al amor por su madre, como forma de agradecimiento por su apoyo incondicional en la carrera artística. En las palabras de Guayasamín, esta serie es un “homenaje a la mujer de la Tierra, una defensa de la vida, la defensa de los Derechos Humanos”.

La capilla del hombre, el legado de Oswaldo Guayasamín

La capilla del hombre.
La capilla del hombre / museosdelmundo.com/

Oswaldo Guayasamín quería dejar un gran legado a la humanidad, por lo que a partir de 1996 inicia en Quito su obra más importante. Esta obra consistía en un edificio de piedra, denominado «La Capilla del Hombre».

Esta obra, según Guayasamín, es un homenaje al ser humano, especialmente al pueblo latinoamericano con su sufrimiento, luchas y logros, haciendo un repaso por el mundo precolombino, la conquista, la colonia y el mestizaje.

Oswaldo Guayasamín muere el 10 de marzo de 1999, dejando su obra máxima, «La Capilla del Hombre», sin finalizar. La primera fase de esta capilla se inauguró en el 2002.

El proyecto de Guayasamín logró ser declarado por la UNESCO como «prioritario para la cultura», consiguiendo aportes de entidades de Ecuador, Chile, Bolivia, Venezuela y con la solidaridad de artistas -cantantes y pintores- de Hispanoamérica.

Las cenizas de Guayasamín descansan dentro de una vasija de barro y bajo el denominado “Árbol de la Vida”. Este árbol de pino lo plantó el mismo Guayasamín, y se encuentra en la casa en la que vivió sus últimos 20 años.