Cómo deshacerte de aquello que ya no utilizas

Francisco · 30 noviembre, 2018
Si tienes tu casa llena de decoración, aparatos, objetos... Es momento de desechar aquello que no sirve y renovar la imagen interna de cada habitación.

Muchas veces ocupamos espacio de la casa de manera abusiva, convirtiendo algunas habitaciones en trasteros o en lugares de almacenaje. No estaría mal evaluar todo lo que tienes y decidir cómo deshacerte de aquello que ya no utilizas.

A lo largo de los años, se compran gran número de cosas: ropa, adornos, aparatos electrónicos, cables, libros, muebles… Algunas de ellas no son necesarias, pero se compran porque atraen y generan gusto a la persona.

Sin embargo, no entendemos que con el paso de los años, se produce una acumulación de objetos en casa que ocupan sitio y producen suciedad. Hay que saber diagnosticar esto y tomar decisiones.

Evalúa todo lo que tienes en casa

Objetos almacenados.

Observa habitación por habitación qué es lo que tienes. Tienes que sacar una cosa en claro y preguntarte: ¿esto lo voy a utilizar? Parece que siempre tenemos la necesidad de guardarlo todo por si acaso lo utilizas en un futuro; en cambio, no llega a ser así.

Traer muchas cosas a casa a lo largo de los años hace que se convierta en un depósito de objetos. Pero, además, generan un problema, y es la ausencia de equilibrio y armonía, ya que se puede llegar a distorsionar la estética decorativa.

De este modo, una persona puede llegar a darse cuenta del amplio compendio de elementos que tiene en cada habitación, más todo lo que se haya guardado en cajones, armarios, etc.

¿Cómo hacer para deshacerte de aquello que ya no utilizas?

Realiza un inventario mental de todo lo que tienes y analiza lo que no te sirva; así, podrás salir de dudas sobre lo que no te vale la pena guardar. Aún así, ten en cuenta estos pasos que pueden servirte de ayuda:

  • Empieza por la decoración: si hay algún elemento (jarrón, figuritas, minerales, marcos de fotos u otros elementos decorativos) que ya no te guste o que puedes prescindir de él, elimínalos directamente.
  • Libros de las estanterías: muchos de ellos ya no se van a usar, como por ejemplo las novelas que ya las has leído. Una solución es que los vendas en tiendas de segunda mano o que los dones a una biblioteca. Así conseguirás liberar espacio.
  • Plantas: muchas veces se conservan y, en realidad están enfermas, secas o no crecen. Reutiliza la maceta y pon una planta nueva o simplemente deshazte de ella.
  • Papeles y archivadores: este apartado va destinado principalmente a estudiantes y trabajadores de oficina. No guardes todos los papeles de manera desordenada; colócalos en carpetas o archivadores y recicla aquello que ya no te sirva.
  • Ropa: haz un balance de lo que te sueles poner y lo que no, incluyendo también el calzado. Siempre hay ropa que se guarda y convertimos el armario en un depósito de prendas. Anímate a deshacerte de lo que ya no usas.
Exceso de ropa.

No comprar de manera compulsiva

Salir a la calle y ver escaparates en los que se lanzan mensajes al cerebro relativos al consumo, puede resultar difícil. Sin embargo, hay que sacar fuerza de voluntad y escoger de manera práctica.

  • Compra de forma consciente; sé realista y escoge aquello que realmente sepas que te servirá.
  • Deja a un lado los caprichos y no hagas compras compulsivas; de hecho, tu economía lo agradecerá.
  • Así, conseguirás equilibrar tu casa, tus hábitos de consumo y tendrás capacidad selectiva.

No caer en los malos hábitos

Una manera de tener oxigenada la casa con buen ambiente y sin excesivos recursos decorativos que recarguen demasiado las habitaciones, es teniendo un régimen de limpieza semanal.

Si entre los miembros que residen en la vivienda se trata de mantener todo limpio, esto proporcionará orden y, a su vez, espacio libre; ya que se eliminarán todos los elementos que no sean necesarios.

– Tener hábitos saludables no es solamente hacer deporte o comer sano, también son la limpieza y el orden.-

Incluso, todo aquello que no sea útil y que se crea que en un futuro puede llegar a serlo, si se contempla cada semana y se ve a lo largo del tiempo que no se utiliza, puede surgir la idea de tirarlo a la basura.

El desorden, en cambio, es el fiel enemigo de la organización y la limpieza, además puede desembocar en mayor suciedad, acumulación de objetos y, en casos extraordinarios, llegar al temido síndrome de diógenes.

Kondo, Marie: La magia del orden, Aguilar, 2015. Ruipérez, David; L. Lobo, Lorena: Mi mente es mi enemigo, Edaf, 2008.